

El conjunto de los elementos en cada uno de sus cuadros integra un lenguaje de indiscutible fuerza reflexiva que involucra al observador, en procesos de evocación y búsqueda.
Montúfar no pinta para recrear, agradar y decorar, sino para suscitar análisis, cuestionamientos y profundidad crítica. En este sentido, su propósito, semiótico escapa al convencionalismo de la tradición pictórica y se polariza en la necesidad de darle al observador la oportunidad, de adentrarse en la percepción de la realidad cotidiana, tras la búsqueda de vivencias cargadas de intencionalidad y conciencia. Luego de contemplar la expresión visual de Montúfar, el observador sabe que lo esencial de la vida humana escapa a la pura sensorialidad, para centrarse en la interioridad anímica lugar al cual es posible acceder únicamente por la vía socrática de la autorreflexión.
Jaime Celi Crítico de arte
Montúfar no pinta para recrear, agradar y decorar, sino para suscitar análisis, cuestionamientos y profundidad crítica. En este sentido, su propósito, semiótico escapa al convencionalismo de la tradición pictórica y se polariza en la necesidad de darle al observador la oportunidad, de adentrarse en la percepción de la realidad cotidiana, tras la búsqueda de vivencias cargadas de intencionalidad y conciencia. Luego de contemplar la expresión visual de Montúfar, el observador sabe que lo esencial de la vida humana escapa a la pura sensorialidad, para centrarse en la interioridad anímica lugar al cual es posible acceder únicamente por la vía socrática de la autorreflexión.
Jaime Celi Crítico de arte






